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Viernes, 08 Mayo 2020 15:11

Nuestra Señora Salud de los Enfermos

Titular de la Congregación de Siervas de María Ministras de los Enfermos

Virgen de la Salud altar Casa Madre

 

El 15 de agosto de 1851 daba comienzo, en un sencillo barrio de Madrid, nuestra Congregación. La misión que las Siervas de María están llamadas a desempeñar ya desde sus albores, es la asistencia a los enfermos allí donde estos se encuentran pero, preferentemente, es sus domicilios.

Para desempeñar tan dedicada tarea, eligen como Madre y Guía a nuestra Señora de la Salud a quien Madre Soledad da el título de “Enfermera Mayor” por ser Ella, la que nos trae a Cristo, única fuente de Salud para las almas y los cuerpos. La disponibilidad de la Virgen a la voluntad de Dios en la Anunciación; su prontitud y hasta su prisa por salir al encuentro de su prima Isabel que necesitaba de sus atenciones; su saber estar acompañando a Cristo al pie de la Cruz en su agonía y muerte, son las actitudes de María que cada Sierva de María debe tener y hacer vida, junto al enfermo que sufre y junto a su familia.

Fue Santa María Soledad quién lego, como valiosa herencia, a sus hijas, esta devoción a la Virgen de la Salud, dejándolas bajo su protección de Madre y dedicando cada casa y cada una de sus iglesias a Nuestra Señora de la Salud, significando con ello que María es el camino seguro que nos lleva a Jesús. Manantial del que brota la salud y la fuerza para afrontar y sanar nuestras dolencias, dando sentido a nuestro sufrimiento.

La primera imagen que veneró Santa María Soledad, se conservó en la Casa Madre de Madrid hasta 1936, desapareciendo en la persecución religiosa que acompaño a la guerra civil en aquellos años de 1936 - 1939. Al terminar la contienda y no pudiendo ser recuperada la imagen, se hizo una reproducción de la misma en 1940, ocupando desde entonces, el mismo lugar que para Ella designó Santa María Soledad cuando al entronizarla afirmó: “Las que me sucederán, miren porque esta imagen ocupe siempre, este lugar en el que hoy es colocada y que por tantos títulos le pertenece, pues que me sacó de muchas y grandes dificultades”.

No tardó la Congregación de las Siervas de María en extenderse por todo el mundo y allí donde ellas llegaban hacía presente, la devoción a Nuestra Señora de la Salud, de la que, sus Hijas y Siervas, quieren ser prolongación de sus manos que acarician y sanan, sus pies que salen al encuentro de los enfermos y necesitados.

Su imagen, bajo diferentes matices, pero siempre con su Hijo en los brazos, arranca de nuestros corazones la misma súplica: “que Ella come a la Madre, vuelva a nosotros esos sus ojos misericordiosos y nos muestra Jesús, que es quien nos sostiene y, tanto más, cuando el sufrimiento se hace presente en nuestras vidas, pues por haber asumido todos nuestros dolores son, son sus heridas las que nos sanan.

A Ella, la Virgen de la Salud, viendo el inabarcable mundo del dolor, le encomendamos nos envíe nuevas vocaciones. A Ella, le pedimos nos cubra con su manto y guarde a las familias y, a nuestros enfermos, muy dentro de su corazón de Madre.